Desde mi ejercicio profesional y la experiencia pública he manejado en el mismo cuarto de máquinas expedientes de corrupción, he enfrentado campañas mediáticas de muy baja estofa, así como expedientes armados a capricho para ocultar verdaderos responsables frente a la necesidad de aplacar una oleada social que demanda consecuencias, no solo en el ámbito público, también en el privado, lo cual me permite haber tenido información de primera mano que me permiten saber que no todo lo que brilla es oro. En ese contexto, a muchos les alegra la sanción que impusiera el Departamento de Estado (@StateDept ) contra el señor Jean Alain Rodríguez (@JeanARodriguezS) y contra otros en el pasado, lamento no compartir ese entusiasmo a pesar de incluirme entre sus críticos. Para la ocasión se sacan a relucir los antecedentes y se presentan a la sociedad como leprosos universalmente marcados, lo cual pudiera ser positivo si no tuviera implicaciones institucionales de extremado valor para nuestra nación, como para todas aquellas que son víctimas del paredón moral del imperio. Entre los casos refrescados sale a relucir la cancelación de la visa de Roberto Rosario (@RRosarioMarquez), la cual no fue fruto de un expediente sino de la soberanía de carácter con que se le paró a la afrenta injerencista de la entonces embajadora de los Estados Unidos (@EmbajadaUSAenRD) en defensa del registro civil dominicano por la aplicación de la Sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional, eso es muy público.
2/2 El morbo y las más de las veces la ira que nos produce la impotencia de ver pasar la impunidad una y otra vez frente a nuestras propias narices, parecería que en ambos casos justificamos la intromisión porque de algún modo debe sobrevenir una sanción, pero créanme si les digo que mucha gente de bien ha sido víctima de esa alevosa práctica, casos desconocidos para el público porque no tienen la relevancia de los que impactan la vida pública.
El mecanismo de las sanciones no es bueno ni malo, sería muy útil si no se instrumentalizara para arrodillar personas, grupos o intereses para que sean serviles a los del imperio, cuando es así, lo callan todo y hasta premian con reconocimientos a los arrodillados por muy sucios que pudieren estar. Todos sabemos que derribaron a Balaguer por no aceptar campos de refugiados en la frontera y no aceptar a cambio un premio Nobel de la paz, también acabamos de ver una amenaza de un grupo de congresistas si la República Dominicana no asume el aborto en su legislación, y si sigo por ahí, podría traerles otros múltiples casos.
Un ejemplo que también nos debe servir para aquilatar los tóxicos resultados de los eructos morales del imperio debe ser evaluado desde nuestra sincera y abierta política de extradición, no hay un narcotraficante que no le haya sido entregado, como tampoco hay ninguno que no nos hayan devuelto ricos y perdonados después de penas generosas. Se supone que eso es porque cooperaron, pero nunca se perciben las secuelas de esa cooperación, las informaciones se guardan para el chantaje que necesita su poder.
Estoy muy claro de que debemos tener una relación privilegiada con los Estados Unidos por múltiples razones, pero a ellos les toca aprender a respetarnos y a nosotros nos toca darnos a respetar a través del repudio de ese tipo de acciones, porque mientras nos sintamos regocijados porque el imperio eructó contra alguien y lo consideremos justicia, nunca nos detendremos a enderezar nuestras débiles expresiones institucionales y seguiremos permitiendo la injerencia extranjera a costilla de nuestra dignidad.
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