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miércoles, 10 de septiembre de 2025

“Antisemita”, el escudo del genocidio

“Quien controla el lenguaje, controla la realidad”. Esta advertencia de George Orwell se cumple con precisión quirúrgica en el caso de Israel, el Estado sionista ha manipulado el discurso global hasta apropiarse de palabras clave, convirtiéndolas en armas políticas, una de ellas es “antisemita”, término que originalmente designaba el odio irracional contra los judíos, pero que hoy se usa como garrote y escudo extorsivo contra todo aquel que denuncia las atrocidades en Gaza, y lo más grave, esta narrativa se sostiene sobre un chantaje religioso que pretende imponer la idea de que Israel es “el pueblo de Dios”, como si ese rótulo le otorgara privilegios divinos para masacrar a otros pueblos, como si los palestinos y demás naciones fueran poco menos que hijos del demonio.
Pero una cosa es el pueblo judío, diverso, plural y muchas veces crítico de Netanyahu; y otra cosa es el Estado de Israel con su maquinaria militar criminal, no es lo mismo hablar de tradiciones, creencias y cultura milenaria, que de un gobierno corrupto y sanguinario que usa la Biblia como patente de corso para cometer crímenes de lesa humanidad, miles de israelíes detestan a Netanyahu y rechazan sus políticas genocidas, pero sus voces son invisibilizadas bajo el estruendo de un ejército que se cree con licencia divina para arrasar.

El chantaje extorsivo

La palabra “antisemita” se ha convertido en un blindaje y escudo discursivo, no importa si lo que se denuncia son crímenes de guerra, violaciones a los derechos humanos o masacres documentadas por organismos internacionales: todo aquel que alza la voz es inmediatamente señalado como enemigo del pueblo judío, ese chantaje funciona como un muro invisible que protege al Estado de Israel del escrutinio moral y político.

El mundo entero vive bajo ese chantaje, gobiernos temen sanciones políticas si no se alinean con Tel Aviv, intelectuales y periodistas son cancelados por exigir justicia en Palestina, Naciones Unidas es constantemente presionada y desacreditada cuando se atreve a emitir resoluciones contra la ocupación y, detrás de todo, Netanyahu y su maquinaria criminal juegan a la victimización, genocidas que se disfrazan de víctimas, verdugos que se pintan como perseguidos.

Israel no es el pueblo de Dios, es un Estado que actúa con la brutalidad de los imperios más oscuros de la historia, y como todo imperio, se justifica con una narrativa mesiánica que mezcla religión, propaganda y victimismo, el resultado: un genocidio en Gaza blindado por etiquetas, excusas y complicidades.

El deber de los pueblos es romper el silencio, arrancar las máscaras y desnudar la manipulación, porque no es antisemitismo denunciar un genocidio, ni es odio pedir justicia para Palestina, la verdadera perversión está en usar el nombre de Dios como escudo para asesinar, como justificación para el saqueo, como patente para la impunidad.
Y en este punto, la Palabra misma desarma esa narrativa de “ejército divino”, lo dijo el profeta Isaías con la claridad de los siglos: “¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo, para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos!” (Isaías 10:1-2).

Ese es el verdadero juicio: no contra quienes denuncian, sino contra quienes masacran.

Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com
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