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sábado, 13 de diciembre de 2025

La travesía de Corina pà recoger su nobel

❝Porque se levantarán falsos profetas, y engañarán a muchos❞
Mateo 24:11
Hay que tener estómago para convertir una operación política en epopeya moral, "la travesía de Corina" no es un acto de valentía ni una gesta democrática, es un recorrido cuidadosamente empaquetado para consumo internacional, donde la narrativa pesa más que los hechos y la pose más que la coherencia.
Cuando la política fracasa, se recurre al espectáculo.
Y cuando el espectáculo local no alcanza, se internacionaliza, la llamada “travesía” de Corina no surge de una gesta democrática ni de una lucha ética sostenida, surge de una estrategia fría para fabricar una heroína exportable, diseñada para audiencias que consumen relatos simples y emociones prefabricadas.

Nada en esta historia es espontáneo.
Todo responde a una narrativa cuidadosamente construida, amplificada por medios influyentes y validada por actores políticos internacionales que hace tiempo decidieron que la verdad es negociable si el objetivo es el correcto.

Según un "reporte difundido por The Wall Street Journal", María Corina Machado habría salido de Venezuela en "una operación digna de cine", peluca incluida para burlar retenes militares, una salida por vía marítima hasta Curazao y desde allí la intención de abordar un vuelo privado (con escolta de aviones caza estadounidense) que recorrería más de 8,000 kilómetros rumbo a Oslo, no hay pruebas públicas de cada episodio, no hay verificación independiente, no hay preguntas incómodas, se vende el relato, y con eso basta para montar la escena de la mártir perseguida.

El objetivo no es informar, es conmover.
No es explicar, es legitimar, se construye la imagen de una mujer acosada por un régimen implacable que logra escapar por astucia y coraje para llevar su causa al supuesto tribunal moral del mundo, pero detrás del drama no hay una defensora desinteresada de la democracia, hay una política obsesionada con ser presidenta de Venezuela, nada más, todo lo demás es utilería narrativa.

Su presencia en Oslo no busca mediación, diálogo ni soluciones reales.
Busca consagración, allí intentan venderla como paladín global de las luchas democráticas, como símbolo de paz y derechos humanos, cuando su trayectoria real está marcada por la confrontación permanente, el discurso incendiario, la negación del adversario y la incapacidad de construir una alternativa política que no dependa del colapso total del otro.

El Premio Nobel de la Paz se convierte así en el escenario ideal para este blanqueo, un premio que se supone moral, pero que en la práctica responde a intereses políticos bien definidos, la hipocresía queda expuesta cuando el propio presidente del Comité Noruego del Nobel, Jørgen Watne Frydnes, se permite exigir públicamente la renuncia en pleno del gobierno chavista y su salida del país, como si eso fuera una fórmula para la paz y no una intervención política abierta disfrazada de superioridad ética.

Ahí se revela el verdadero juego.
Para este círculo de poder, la paz y los derechos humanos no son principios universales, son herramientas selectivas, se invocan cuando sirven, se ignoran cuando estorban, se predica democracia mientras se legitima el desconocimiento de gobiernos que no se alinean, se condena el autoritarismo sólo cuando viene del lado opuesto.

Los grandes medios hacen su parte sin rubor.
Titulares épicos, entrevistas complacientes, silencios calculados, nadie contrasta el relato, nadie cuestiona la coherencia, nadie recuerda los fracasos políticos, nadie analiza el costo real de este tipo de oposiciones incendiarias, el guion es simple y rentable: heroína contra villanos, blanco y negro, el "periodismo" convertido en cartel promocional.

En esta farsa mediática, Corina no es el centro del problema, es el producto, el problema es el ecosistema que la fábrica, la amplifica y la protege, un entramado de políticos extranjeros, comités “morales” y medios influyentes que prefieren una mentira útil antes que una verdad incómoda.

No hay travesía heroica aquí, no hay misión imposible, no hay lucha democrática genuina, existe una propaganda política internacional cuidadosamente empaquetada.
Y mientras en Oslo se reparten aplausos, titulares y poses solemnes, Venezuela sigue atrapada entre un poder que no escucha y una oposición que prefiere escenarios internacionales, premios y relatos épicos antes que asumir responsabilidades reales frente a su propio pueblo.

❝Porque nada hay encubierto que no haya de descubrirse, ni oculto que no haya de saberse❞
Lucas 12:2

Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com
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