Es irónico ver a un tipo que pasa por alto las debilidades de su propio sistema acusar a otro de ser responsable de “millones de muertes” sin una sola evidencia creíble, eso no es liderazgo, es marketing desesperado y, encima lo adereza con chistes sobre el baile de Maduro en público, como si esa fuera la prueba final de culpabilidad.
Que Maduro gobierna mal, de forma autoritaria, con represión, corrupción y desastre económico, eso pudiese estar documentado, pero convertir ese desastre en un genocidio de “millones” no es rigor, es propaganda y, propaganda torpe, pues ni los organismos internacionales más críticos, ni los informes más duros, ni las ONG más beligerantes manejan esa cifra, Trump la inventa porque le sirve, no porque sea cierta.
Lo curioso es que Trump se vuelve súbitamente muy sensible con las muertes… pero solo cuando conviene. Porque cuando los muertos los ponen sus amigos poderosos, el conteo desaparece, Israel bombardea, arrasa, borra barrios enteros y el discurso es “defensa”, Arabia Saudita pulveriza civiles en Yemen durante años, con armas estadounidenses, y ahí no hay “millones”, ni indignación, ni adjetivos grandilocuentes, hay silencio, contratos y apretones de mano.
Ahí la vida humana no se mide en titulares, se mide en barriles, en compras de armas y en alineamientos geopolíticos, los muertos de los aliados no cuentan, no suman, no existen, solo existen los muertos que sirven para justificar una narrativa y abrir la puerta a una intervención, directa o disfrazada.
Lo más revelador es lo que viene después.
Mientras Trump infla muertos imaginarios, a Maduro ya le limpiaron una de las acusaciones más ruidosas, la de jefe del llamado “cartel de los soles”, retirada cuando dejó de ser útil o sostenible, eso tampoco entra en el discurso, justicia, derechos humanos o verdad no son prioridad, el tema vuelve a ser el de siempre: el petróleo.
La narrativa es simple y vieja.
La narrativa es simple y vieja.
Demonizar al personaje, exagerar el crimen, legitimar el botín. Venezuela no aparece como país, aparece como yacimiento. No hay venezolanos en el relato, hay barriles. Y cuando el objetivo es el crudo, la verdad estorba.
Trump no acusa, vende.
Trump no acusa, vende.
Vende un cuento donde los “millones muertos” funcionan como moneda retórica para justificar lo que realmente le importa a su administración: quién controla el petróleo venezolano y cómo se lo queda. Todo lo demás es escenografía.
Exagerar no fortalece una crítica, la convierte en farsa.
Exagerar no fortalece una crítica, la convierte en farsa.
Y cuando una denuncia necesita inventar cifras imposibles mientras ignora los muertos reales de sus aliados, queda claro que no se trata de moral, ni de justicia, se trata de poder y, de petróleo.
Si Maduro hubiera matado millones, el mundo estaría contando cadáveres, no barriles. Pero Trump cuenta petróleo y, eso lo explica todo.
Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com
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