Hay quienes siguen usando “comunismo” como un espantajo útil, no para analizarlo, ni siquiera para discutirlo, sino para descalificar, simplificar y clausurar cualquier conversación incómoda. Basta pronunciar la palabra con suficiente desprecio y listo: argumento resuelto, pensamiento suspendido.
Lo interesante no es el término en sí, sino la facilidad con la que se convierte en arma retórica, porque no exige evidencia, ni contexto, ni rigor. Solo repetición, una consigna gastada que, sin embargo, sigue funcionando para quienes necesitan enemigos más que ideas.
Mientras tanto, el capitalismo "especialmente en su versión más cruda" goza de una indulgencia casi religiosa, no se le examina con el mismo entusiasmo, no se le atribuyen sus excesos con igual vehemencia, se le absuelve incluso cuando produce exactamente aquello que se dice combatir: exclusión, precariedad y una desigualdad que ya ni se disimula.
Pero ahí no hay alarma, ahí hay silencio, o peor, justificación.
Y entonces aparece la contradicción más incómoda: los autoproclamados defensores de la democracia no tienen reparos en usar un lenguaje que la vacía por dentro. Hablan de libertad mientras sugieren que hay ideas que deben ser erradicadas y personas que, por sostenerlas, deberían ser borradas del escenario público.
No siempre lo dicen de frente, a veces lo maquillan, pero el mensaje persiste: una democracia con permiso selectivo, donde algunos pueden existir y otros deben callar.
Y ahí es donde conviene dejar de mirar hacia otro lado.
Porque si desear la desaparición del otro no es violencia, entonces hemos decidido redefinir la violencia para que siempre sea ajena. Si excluir, intentar denigrar, deslegitimar y señalar no cuenta como agresión, entonces no estamos defendiendo principios: estamos administrando prejuicios.
Así que no, el problema no es una palabra ni una ideología convertida en fantasma conveniente, el problema es más simple y más grave: una parte ha decidido que la democracia solo vale cuando le pertenece y, cuando eso ocurre, ya no estamos ante un debate ideológico.
Estamos ante una forma elegante de autoritarismo…
que se disfraza de libertad mientras señala a quién no se le permite tenerla.
Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com
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viernes, 20 de marzo de 2026
Demócratas de consigna: cuando gritar “comunismo” sustituye pensar
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