❝Por sus frutos los conoceréis.❞ Mateo 7:16
Honestamente, no debería ser necesario volver sobre esto. Pimentel no es novedad, es repetición, el mismo problema expuesto una y otra vez sin que nada esencial cambie. Aquí no hay sorpresas, hay costumbre. Pimentel arrastra una tragedia que dejó de ser excepcional; el abandono se volvió práctica y lo básico se convirtió en tema de discusión, como si resolverlo fuera opcional.
El pimentelense está jarto, no de escuchar promesas, sino de ver cómo se repiten con una disciplina que ya resulta ofensiva: convocatorias, reuniones, conservatorios, ministros que llegan, escuchan, asienten y se van, con el mismo resultado de siempre: ninguno. Se habla de agua, de calles, de condiciones mínimas como si fueran asuntos complejos, cuando en realidad son derechos elementales que siguen siendo tratados como si dependieran de voluntad política y no de obligación.
Aparecen entonces los de siempre y los nuevos que se suman rápido, sin trayectoria, sin presencia sostenida, sin compromiso verificable; de un momento a otro se convierten en voceros y dolientes de causas que no construyeron, se posicionan, convocan, se muestran, hacen ruido y luego viene lo predecible: reunión a puerta cerrada, foto y silencio, y Pimentel sigue exactamente igual.
Cada cuatro años el guion se repite sin variación: Pimentel se convierte en objeto electoral, en territorio útil para discursos, promesas y recorridos. Se activan los mismos perfiles con el mismo interés inmediato: alcanzar una posición, asegurar un cargo, colocarse donde convenga. Pasado el momento, desaparece la urgencia, se diluye el compromiso y el municipio vuelve a quedar fuera de prioridad.
No hay seguimiento, no hay ejecución, no hay resultados; lo que hay es una rotación constante de oportunistas utilizando la misma tragedia como plataforma. Esto no es falta de diagnóstico, es falta de acción. Las imágenes están ahí: calles intransitables, agua estancada, abandono visible; no es percepción, es evidencia, es un municipio obligado a resolver por cuenta propia lo que otros decidieron no resolver.
Aquí también hay una responsabilidad que no se puede evadir; se ha normalizado lo inaceptable, se ha permitido que la simulación sustituya a la solución, se participa, se escucha, se reclama, pero no se rompe el ciclo, se repite y mientras se repita, todo seguirá exactamente igual.
Aquí no hay margen para más simulación, lo que está a la vista no admite discursos ni excusas, quien aspire a representar a Pimentel y no pueda mostrar resultados concretos, medibles y sostenidos, no tiene nada que buscar.
Se acabó el espacio para la improvisación, para el oportunismo y para la política de presencia y simulación sin consecuencias, el que venga a lo mismo, que ni venga.
Y de este lado, también queda claro: si se sigue legitimando el mismo ciclo, no habrá cambio posible. La responsabilidad no termina en denunciar, empieza en exigir y se confirma en no volver a aceptar lo que ya ha fallado.
Pimentel no necesita más interlocutores y protagonistas de momentos, necesita soluciones, ahora y ya.
Lo demás, sobra.
Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com



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