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martes, 12 de mayo de 2026

Encuestas: el negocio de fabricar percepciones

Encuestas: el negocio de fabricar percepciones
❝Vivimos tiempos en los que ya no basta con construir liderazgo; ahora también se intenta fabricarlo artificialmente desde laboratorios de opinión pública y, en ese peligroso juego de percepciones, algunas encuestas han dejado de ser instrumentos de medición para convertirse en herramientas de manipulación política cuidadosamente diseñadas para fabricar tendencias y servir intereses que poco tienen que ver con la investigación seria.❞

Hubo un tiempo en que las encuestas eran herramientas para medir el pulso social y electoral de un país, se realizaban estudios de campo, levantamientos serios y análisis metodológicos que, con mayor o menor margen de error, intentaban reflejar la realidad política de la gente.

Hoy, muchas firmas encuestadoras parecen haber abandonado esa función para convertirse en instrumentos de mercadeo político disfrazados de “ciencia estadística”.

En el escenario dominicano, cada vez resulta más evidente cómo determinadas encuestas aparecen no para retratar una realidad, sino para construirla artificialmente. Ya no se trata únicamente de medir simpatías; ahora buscan posicionar candidatos, instalar narrativas y enviar mensajes psicológicos al electorado.

La metodología, curiosamente, casi nunca resiste una revisión seria. Muestras poco claras, levantamientos invisibles, márgenes de error acomodaticios y resultados que cambian según el cliente que financie el estudio. Pero aun así, son presentadas con solemnidad casi religiosa, como si la ciudadanía estuviera obligada a aceptar cifras fabricadas desde una oficina de mercadeo electoral.

Muchas de esas firmas que décadas atrás fueron referentes de credibilidad, hoy parecen vivir únicamente de aquel prestigio acumulado. Intentan utilizar ese viejo nombre como sello automático de confianza, mientras operan más como portafolios políticos que como centros reales de investigación social.

Desde cómodas oficinas con aire acondicionado, diseñan escenarios electorales que muchas veces no existen en la calle, ni en el sentir popular, ni en la realidad cotidiana del país. Buscan fabricar percepción, manipular estados de ánimo colectivos y proyectar candidaturas infladas artificialmente, como si el pueblo no tuviera capacidad para distinguir entre propaganda y realidad.

Lo más irónico es que muchas veces estas encuestas intentan imponer escenarios tan forzados que terminan insultando la inteligencia colectiva. Pretenden vender crecimientos meteóricos donde no existen estructuras, liderazgos artificialmente inflados y desplomes “milagrosos” de figuras que mantienen presencia real en las calles.

La encuesta dejó de ser, en muchos casos, una fotografía del momento para convertirse en un cartel publicitario con apariencia técnica.

Y aunque algunos todavía creen que pueden manipular la percepción pública con gráficos, porcentajes y titulares cuidadosamente diseñados, olvidan algo esencial: la realidad social no siempre cabe dentro de una tabla maquillada.

El problema no es la encuesta seria; esa sigue siendo necesaria en toda democracia. El problema es convertir la estadística en propaganda y la metodología en un simple instrumento de conveniencia política.

Porque cuando las encuestas dejan de medir la realidad para intentar fabricarla, pierden credibilidad… y terminan siendo parte del problema, no de la información.

Y quizá lo más revelador de todo es que, mientras algunas encuestadoras intentan fabricar candidatos desde una pantalla y una hoja de cálculo, la calle continúa hablando un idioma que ninguna estadística maquillada ha podido controlar jamás.

Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com
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