La cruzada del Listín Diario por Pimentel
❝Hay momentos en que el abandono deja de ser una denuncia local para convertirse en una vergüenza nacional, momentos en que el deterioro acumulado de un pueblo ya no cabe entre excusas oficiales, promesas recicladas ni discursos de ocasión. Y lo del municipio de Pimentel parece ser uno de ellos.❞
Durante años, Pimentel ha sido tratado como ese pueblo al que los funcionarios van, prometen, sonríen, se toman la foto y desaparecen. Un municipio convertido en escenario permanente de excusas oficiales, anuncios vacíos y soluciones de utilería. Mientras tanto, la gente sigue viviendo entre hoyos, lodo, drenajes colapsados y calles que hace tiempo dejaron de parecer calles.
Lo indignante no es solamente el abandono. Lo verdaderamente ofensivo ha sido la forma irresponsable, burlona y hasta inhumana con la que el poder ha manejado el sufrimiento de los pimentelenses. Porque aquí no se puede alegar desconocimiento. Pimentel ha denunciado su realidad hasta el cansancio. Lo han hecho comunitarios, comerciantes, choferes, jóvenes, dirigentes sociales y comunicadores locales. Se ha denunciado en redes sociales, programas de radio, transmisiones en vivo y medios digitales. Y aun así, durante años, desde el Estado se actuó como si el pueblo estuviera exagerando.
Pero la narrativa cambió.
Las publicaciones realizadas por Listín Diario, incluyendo los trabajos de la periodista pimentelense Coralis Orbe, sacaron el problema del reducido espacio de la queja local y lo colocaron en el escenario nacional. Ya no es un ciudadano grabando un charco con un teléfono. Ahora es el periódico más influyente del país documentando el desastre.
Y eso sí pesa.
Porque una cosa es ignorar a un comunitario indignado en Facebook, y otra muy distinta es el llamado “Decano de la prensa nacional” exponga ante todo el país y el mundo, que hay un municipio donde la gente prácticamente tiene que pedir de rodillas condiciones mínimas de dignidad y, quizás ahí radique lo más importante de esta cobertura periodística: que ha obligado a mirar hacia donde durante años muchos decidieron no mirar. Porque mientras las denuncias se quedaban atrapadas entre comentarios de Facebook y transmisiones en vivo con poca o mediana resonancia nacional, era fácil ignorarlas. Pero cuando el deterioro de un pueblo ocupa espacio en uno de los periódicos más influyentes del país, el silencio institucional comienza a verse más peligroso.
La escena del regidor pimentelense Carlos Montero (Manolis) arrodillado en medio de una calle, con charcos de aguas negras a su alrededor pidiendo al presidente Luis Abinader que mire hacia Pimentel no fue una anécdota pintoresca. Fue una humillación institucional, la imagen de un representante municipal y del propio partido gobernante suplicando atención presidencial retrata, mejor que cualquier discurso, el nivel de abandono al que ha sido empujado este pueblo. En cualquier gobierno serio, una escena así debería provocar vergüenza política inmediata.
Pero en República Dominicana la costumbre oficial parece ser administrar el deterioro hasta que explote mediáticamente.
Y explotó.
Cuando Listín Diario describe un pueblo como un “estercolero” hundido entre hoyos y abandono, lo verdaderamente grave no es la crudeza de la palabra, sino que existan condiciones para justificarla, el problema deja de ser municipal y comienza a tocar directamente las puertas del despacho presidencial. Porque ya no estamos hablando de percepción, oposición política o exageración comunitaria. Estamos hablando de una exposición nacional documentada, pública e imposible de maquillar con discursos.
Aquí no falló una calle, falló el Estado.
Han fallado el Ministerio de Obras Públicas y sus ministros, han fallado las autoridades que visitaron el municipio prometiendo soluciones que nunca llegaron, han fallado los funcionarios que durante años administraron el problema con una mezcla de indiferencia, lentitud y desprecio silencioso hacia una población cansada de sobrevivir entre el polvo y el lodo.
Y lo más peligroso para el gobierno no son los hoyos, es el simbolismo.
Porque Pimentel comienza a convertirse en el retrato incómodo de cómo una comunidad puede sentirse completamente abandonada mientras escucha discursos oficiales hablando de progreso, desarrollo y transformación.
La gran diferencia es que ahora el tema salió del límite geográfico del municipio., ahora está en la conversación nacional, ahora el deterioro de Pimentel tiene eco en la opinión pública nacional. Ahora el gobierno sabe que el país está mirando.
Y después de eso, ya no hay espacio para más promesas recicladas, más comisiones teatrales ni más visitas de relaciones públicas. Lo que corresponde es intervenir, resolver y responder.
Porque después de que Listín Diario abrió esta cruzada mediática por Pimentel, cualquier silencio oficial adicional comenzará a parecer no incompetencia, sino complicidad con el abandono.
Y hay algo que el poder siempre termina entendiendo, aunque sea demasiado tarde:
los pueblos olvidados resisten mucho tiempo, pero cuando su abandono queda expuesto ante toda una nación, el problema deja de ser de ellos y pasa a convertirse en una vergüenza del Estado.Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com



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