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sábado, 16 de mayo de 2026

Otra más… y contando

 Otra más… y contando
❝Sin Paños Tibios❞》》》
El pasado martes 12 –hace sólo tres días–, nos preguntábamos “¿dónde quedaron los hombres?”, a propósito de la epidemia de feminicidios que vivimos, donde los hombres están matando a las mujeres con una brutalidad que no tiene explicación desde la racionalidad, y que quizás podría entenderse a partir de los documentales de Animal Planet.
En el citado artículo decíamos que no “sabemos qué es peor, si la estadística dura […], o la normalización que hacemos de esa violencia, al punto que cada muerte es tan sólo una noticia que viene a sumarse a la anterior y que antecede a la siguiente”.


Lamentablemente, tres días después, los hechos lo confirman y otra trágica muerte se suma a la estadística fatal, con el asesinato de Esmeralda Moronta, a manos de su ex–pareja, Omar Tejeda Guzmán. Detrás de cada feminicidio se esconde una historia de abuso y violencia; una historia donde la muerte fue el último eslabón de una secuencia previa de agresiones visibles, conocidas, asumidas.

Está última tragedia evidencia una verdad que otras más han evidenciado (y que seguramente, en el futuro, muchas más volverán a hacerlo). Esto es, el estado de indefensión y vulnerabilidad de las mujeres en este país; el clima generalizado de violencia de que son víctimas; y la incapacidad estructural del Estado dominicano para prevenir y revertir esta situación.

Esmeralda Moronta murió al salir de la Fiscalía de Violencia de Género, ubicada en el sector Alma Rosa, municipio Santo Domingo Este, a donde había acudido a interponer una denuncia por el “acoso y la persecución que sufría por parte de su expareja tras la finalización de la relación”.

Los detalles son macabros. Al salir de la fiscalía su matador la esperaba, la persiguió y el colmado donde Esmeralda se refugió, intentando protegerse, fue el lugar donde la acorraló y le dio muerte.

Antes de que esta muerte se olvide; antes que el populismo legislativo se rasgue las vestiduras; de que nos atiborren de estadísticas y discursos; o que nos digan que estamos mejorando, urge responder preguntas.

Toca exigir respuestas, porque la justicia le falló a Esmeralda. Porque ella confío en la institución competente, en el personal responsable, y ambos fallaron. ¿Qué hizo el fiscal actuante con la denuncia en caliente?, ¿por qué no fue puesta bajo protección policial?

Las respuestas cortas son obvias, el cadáver las responde. Las respuestas amplias siguen en silencio, porque nadie quiere decir que el culpable último es el Estado; es el gobierno, que prepara un presupuesto pírrico para la justicia; es el congreso, que no aprueba recursos para ampliar la capacidad de respuesta institucional, la realización de campañas de prevención y educación; es la sociedad en general, que no exige al gobierno; somos todos nosotros, que no protestamos, que callamos y normalizamos esas muertes y las asumimos indiferentemente… hasta que otra próxima muerte nos sacuda el alma y la conciencia.

Por: Federico A. Jovine Rijo.-
@FedericoJovine
@federicojovine
fjovine@email.com 

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