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jueves, 21 de mayo de 2026

Sobre Dios: un giro espiritual y filosófico

Sobre Dios: un giro espiritual y filosófico
❝Libre-Mente❞》》》
“Sobre Dios” (2025), la obra más reciente de Byung-Chul Han, reflexiona -con sobriedad casi litúrgica- sobre la búsqueda de una vida dotada de sentido, moderada y trascendente. Lúcido intérprete de las heridas del presente entabla aquí otro diálogo abierto con el pensamiento viviente de Simone Weil.
Reitera la penetración fulminante del neoliberalismo en los intersticios del ego posmoderno. Y examina la crisis de la atención como dimensión social capaz de arruinar las relaciones cercanas y borrar los resquicios de la inspiración creadora y de la espiritualidad humana.

Aborda el desplazamiento claudicante de la órbita sobre la que, conforme a la tradición, giraba la fe religiosa. Ese destrozo de la capacidad contemplativa, relegada por la producción, el consumo y la influencia de la comunicación apócrifa, propaga la adicción y la búsqueda sin atención. Buscar significa ahora orientarse hacia una gesta egocéntrica y espiritualmente agotadora. Esta frialdad individualista evidencia atrofia de la empatía y una gélida ausencia del respeto hacia el otro. Celebramos con satisfacción el estruendo digital de la influencia perceptiva mientras degradamos la pureza de la caridad para con el prójimo.

El samaritano, percibido desde la experiencia religiosa, ha muerto. Desapareció su institución generosa, basada en la piedad y la presencia humanizadora. Aquella vocación que, de hecho, constituía la calidad del rezo y la esencia de la oración, ha sido arrasada por el torbellino neoliberal, sometido a la producción y al consumo.

Buscar significa ahora orientarse hacia una gesta egocéntrica y espiritualmente agotadora.
Han no experimenta una transformación ideológica: indaga la mutación que, gracias al poder de la distracción, desmoronó el anhelo de una sociedad contemplativa y de una espiritualidad calmada. Más que apoyatura teórica o pedestal espiritual, sostiene una conversación mística con su mejor interlocutora: Simone Weil. “Sobre Dios”, carece de estridencias intelectuales y de santidades escatológicas.

Destaca la fortaleza de la atención que escala y posibilita la escucha del silencio divino y la mirada sustancial que atraviesa el objeto reductible. Weil, “que poseía corazón y encanto para el mundo”, pudo anticipar también, con visión demoledora, el ascenso del fascismo y sus consecuencias devastadoras.

Han disecciona la posmodernidad cibernética y fría. Enaltece las virtudes fundamentales del bien, revelado a través de la atención excelsa y entendida como oración: “No hay un criterio perfecto para el bien y para el mal que no sea el de oración ininterrumpida. El bien es indirecto, discreto, incluso pudoroso, mientras que el mal es invasivo”.

La sociedad de la adicción precipitó la pérdida de la atención y el auge del rendimiento neoliberal que derivó en algo imperdonable: el olvido del pudor. El pudor y la generosidad no piden nada a cambio; la misericordia, la bondad, la amistad, la compasión y la sonrisa devienen sobrenaturales. Son soplos de aire que alimentan al espíritu sin esperar contrapartida porque están fuera de la lógica económica y del intercambio.

En un mundo ruidoso, el mercado multiplica la presión del rendimiento y la explotación de la información fetiche, impidiendo lo decoroso y el sosiego contemplativo de las cosas. Acallar el ruido ensordecedor es reflejo del silencio de Dios. Hoy resulta casi imposible rezar y cerrar los ojos; el yo escandaloso se extingue ante Dios.

Cuando lo bello adolece de espiritualidad se desacraliza, convertido en objeto de consumo intrascendente, sin estremecer ni doler; mientras tanto el “me gusta” suplanta la atención, erigido en regla social. El sentido oculto del arte es íntimamente religioso. Al perder la prueba de su contemplación y demora estética, nos separamos de la belleza que, cuando menos, nos acercaba a Dios.

Hoy todo amor, música, belleza y arte debe ser complaciente, pulido y adaptado para el consumo. El “me gusta” es un analgésico de amplio espectro: nada debe doler, todo indica bienestar aparente. El sufrimiento queda prohibido y la felicidad -aunque mentirosa-, obligatoria; todo se disuelve en lo cómodo y agradable, pero nada es real.

Se trata, antes que nada, del consumo masivo de emociones, provisto por una maquinaria digital infatigable, siempre lista para dar más. Lo espiritual sucumbe ante la eficacia del aparato que calcula datos y, asimismo, cuenta con inteligencia artificial… 

Por: Ricardo Nieves,-
@nieves_rd
@doctornieves
nievesricardord@gmail.com

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