La polĂtica latinoamericana parece haber entrado en una etapa en la que la coherencia ideolĂłgica ha dejado de ser una virtud para convertirse en un obstáculo electoral, lo importante ya no es lo que un candidato pensaba hace diez años, ni siquiera lo que defendĂa hace cinco, lo importante es lo que resulte Ăştil decir hoy para conquistar el poder. En esa escuela polĂtica se graduaron Donald Trump en Estados Unidos y Nayib Bukele en El Salvador, dos lĂderes a quienes Abelardo de la Espriella ha manifestado admiraciĂłn en reiteradas ocasiones. El problema para Colombia es que todo indica que el candidato de extrema derecha pretende recorrer exactamente el mismo camino.
Trump pasĂł por distintas organizaciones y posiciones polĂticas antes de encontrar el vehĂculo electoral que lo llevarĂa a la Casa Blanca, durante años transitĂł entre el Partido Republicano, el Reformista, posiciones independientes e incluso acercamientos al Partido DemĂłcrata, antes de regresar al Partido Republicano para alcanzar la Casa Blanca. Bukele, por su parte, iniciĂł su carrera polĂtica en el Frente Farabundo MartĂ para la LiberaciĂłn Nacional (FMLN), partido histĂłrico de izquierda en El Salvador, para luego romper con esa organizaciĂłn, construir una nueva plataforma y terminar convertido en el principal referente de la nueva derecha latinoamericana. Ambos demostraron que para ciertos polĂticos las convicciones pueden ser flexibles, pero la ambiciĂłn de poder no, la ideologĂa terminĂł siendo una herramienta electoral y no una brĂşjula de principios.
Esa misma elasticidad discursiva comienza a observarse en el fenĂłmeno polĂtico que hoy encarna Abelardo de la Espriella, durante años fue conocido como abogado de alto perfil, comentarista mediático y defensor de posiciones conservadoras. Hoy intenta proyectarse como la respuesta definitiva a todos los problemas de Colombia, como el hombre providencial que restaurará el orden donde otros han fracasado. Sin embargo, resulta difĂcil aceptar la narrativa de un supuesto outsider cuando gran parte de su trayectoria profesional se ha desarrollado precisamente dentro de los cĂrculos empresariales, econĂłmicos y sociales que histĂłricamente han ejercido influencia en el paĂs.
De la Espriella no representa una revoluciĂłn polĂtica ni una ruptura con las estructuras tradicionales de poder, representa una nueva forma de administrar ese mismo poder bajo el lenguaje de la derecha radical contemporánea. Existe una diferencia fundamental entre desafiar al establecimiento y pertenecer a Ă©l mientras se afirma combatirlo, el candidato parece apostar a que los colombianos no distingan entre ambas cosas.
Su discurso tampoco deja mucho espacio para las dudas.
Habla constantemente de autoridad, castigo, seguridad, inversión privada, productividad, reducción de trabas regulatorias y fortalecimiento de la capacidad coercitiva del Estado, entre sus propuestas más conocidas figuran la construcción de megacárceles, el endurecimiento de penas, la eliminación de beneficios para determinados delincuentes y la recuperación acelerada del control territorial frente a las organizaciones criminales. Más que un programa integral de transformación nacional, por momentos parece una promesa de administración permanente del conflicto mediante mecanismos cada vez más severos.
Lo llamativo es aquello de lo que habla poco o simplemente no habla.
En sus discursos rara vez ocupan un lugar central la pobreza estructural, la desigualdad social, las profundas diferencias entre regiones, el acceso a oportunidades para millones de colombianos o las dificultades cotidianas de quienes viven lejos de los grandes centros económicos. Colombia aparece retratada con frecuencia como un problema de orden público y eficiencia económica, cuando en realidad también es una nación marcada por profundas fracturas sociales acumuladas durante décadas.
Más inquietante aún resulta su posición respecto al porte legal de armas para civiles.
De la Espriella ha defendido pĂşblicamente la flexibilizaciĂłn del acceso legal a armas de fuego bajo determinados esquemas regulatorios, la propuesta podrĂa parecer razonable en paĂses con contextos histĂłricos especĂficos y, Colombia no es uno de ellos. Se trata de una naciĂłn que ha sufrido durante dĂ©cadas las consecuencias de la violencia armada, el narcotráfico, el paramilitarismo, las guerrillas, el sicariato y las estructuras criminales organizadas. Resulta legĂtimo preguntarse si la respuesta a semejante historia consiste realmente en aumentar la cantidad de armas en circulaciĂłn o si, por el contrario, se trata de una soluciĂłn diseñada para generar aplausos antes que resultados.
Tampoco pasan desapercibidas sus posiciones frente a organismos internacionales y mecanismos de protecciĂłn de derechos humanos.
Diversas declaraciones y planteamientos de su entorno polĂtico han cuestionado la utilidad de ciertos sistemas internacionales de supervisiĂłn, presentándolos como obstáculos para la acciĂłn del Estado. La historia latinoamericana aconseja prudencia frente a ese tipo de discursos, los controles institucionales existen precisamente porque el poder sin lĂmites rara vez termina beneficiando a los ciudadanos. Cuando un dirigente comienza a considerar los derechos humanos como un problema, normalmente los ciudadanos terminan descubriendo que el verdadero problema era el dirigente.
La admiraciĂłn que manifiesta hacia figuras como Trump y Bukele tampoco deberĂa considerarse un dato menor.
Ambos construyeron proyectos polĂticos sustentados en la concentraciĂłn de liderazgo, la polarizaciĂłn permanente y la idea de que las instituciones tradicionales representan un obstáculo para la voluntad popular, ambos llegaron al poder prometiendo enfrentar a las Ă©lites polĂticas, ambos terminaron acumulando cuotas de influencia y control que habrĂan sido objeto de severas crĂticas si hubiesen sido ejercidas por sus adversarios.
La contradicciĂłn se vuelve todavĂa más evidente cuando se observa la puesta en escena de su campaña.
De la Espriella se presenta como un hombre fuerte, decidido y dispuesto a enfrentar cualquier amenaza, sin embargo, buena parte de sus apariciones pĂşblicas se realizan rodeadas de estrictos esquemas de seguridad, equipos de protecciĂłn y dispositivos de blindaje. Naturalmente, ningĂşn candidato presidencial está obligado a exponerse a riesgos innecesarios, lo que sĂ resulta inevitable señalar es la ironĂa polĂtica de un dirigente que promete devolver la seguridad a millones de ciudadanos mientras se desplaza protegido por mecanismos que esos mismos ciudadanos jamás podrĂan costear, el mensaje implĂcito parece ser que la seguridad sĂ funciona, siempre que sea para quien aspira a gobernar.
Otro aspecto que merece atenciĂłn es su trayectoria profesional como abogado.
Los defensores del candidato suelen responder que un abogado no puede ser juzgado por los clientes que representa y, tienen razĂłn. Toda persona tiene derecho a defensa jurĂdica y ningĂşn profesional deberĂa ser responsabilizado automáticamente por las conductas de quienes contratan sus servicios. Sin embargo, esa explicaciĂłn resulta insuficiente cuando el abogado en cuestiĂłn aspira a dirigir una naciĂłn, en ese momento, los ciudadanos adquieren el derecho de examinar no solamente sus discursos, sino tambiĂ©n el recorrido completo de su vida pĂşblica.
De la Espriella alcanzó notoriedad representando y defendiendo a figuras vinculadas a algunos de los episodios más controvertidos de la vida pública colombiana.
Nadie sostiene seriamente que eso lo convierta en responsable de las actuaciones de terceros, pero tampoco puede pretenderse que semejante historial desaparezca del debate polĂtico. Quien aspira a la Presidencia de la RepĂşblica debe aceptar que los ciudadanos formulen preguntas legĂtimas sobre los entornos de influencia, las relaciones de poder y las afinidades que han acompañado su carrera profesional, resulta difĂcil exigir confianza absoluta mientras se pide al mismo tiempo que ciertas preguntas no sean formuladas.
Quizás el aspecto más preocupante de todo este fenĂłmeno no sea el propio Abelardo de la Espriella, sino la creciente disposiciĂłn de una parte del electorado colombiano a depositar sus esperanzas en fĂłrmulas polĂticas basadas en el liderazgo fuerte, la simplificaciĂłn de problemas complejos y la promesa de soluciones rápidas para desafĂos estructurales. La historia demuestra que ese tipo de discursos suele producir campañas exitosas, lo que no siempre produce son democracias más fuertes.
Trump prometiĂł acabar con el establishment y terminĂł convertido en una de sus expresiones más poderosas, Bukele prometiĂł romper con la vieja polĂtica y terminĂł concentrando niveles de poder que habrĂan provocado escándalo en cualquier otro contexto. Ahora Colombia observa el ascenso de un dirigente que admira abiertamente esos modelos y que parece convencido de que las instituciones son demasiado lentas, que los controles son excesivos y que los derechos pueden convertirse en un estorbo cuando interfieren con la autoridad.
El verdadero peligro de Abelardo de la Espriella para el pueblo colombiano no radica Ăşnicamente en una propuesta especĂfica, en una declaraciĂłn polĂ©mica o en una postura ideolĂłgica determinada, el peligro radica en la convergencia de todos esos elementos: el oportunismo discursivo, la exaltaciĂłn del liderazgo personal, la fascinaciĂłn por los modelos de poder concentrado, la tendencia a reducir problemas complejos a respuestas de fuerza y la creciente desconfianza hacia los mecanismos de control democrático.
Porque las democracias rara vez desaparecen de un dĂa para otro, generalmente comienzan a erosionarse cuando una sociedad decide que las instituciones son menos importantes que el hombre que promete salvarla y, cuando eso ocurre, la historia demuestra que el precio termina pagándolo el pueblo, no el lĂder.
Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com
Nota del autor: Este artĂculo se fundamenta en informaciĂłn pĂşblica, propuestas de campaña, entrevistas y reportajes publicados por Reuters, El PaĂs AmĂ©rica Colombia, El PaĂs AmĂ©rica Colombia, The Guardian, Infobae , Infobae y Cadena SER, entre otros medios de reconocida trayectoria internacional.



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