El dinero que va hacia los memeros
Algunas cuentas en Instagram y X (Twitter) que utilizaban el anonimato para destruir reputaciones, burlarse de las personas, incluso de los difuntos sin el más mÃnimo respeto por el dolor de sus familias, han quedado al descubierto.
Pero todas esas atrocidades que atentan contra la dignidad ajena son poca cosa frente a lo que, quizás, constituye el peor de los agravios: recibir dinero del Estado para servir como aparato de propaganda, desinformación y ataque contra los mismos ciudadanos que sostienen el erario con el pago de sus impuestos.
Que un gobierno necesite esconderse detrás de memeros, cuentas anónimas y mercenarios digitales para defender su gestión no solo evidencia una profunda pobreza polÃtica, sino también un desprecio absoluto por la inteligencia de la ciudadanÃa.
Cada peso destinado a pagar estas estructuras sale del bolsillo de los contribuyentes. Es dinero que debió invertirse en medicamentos, aulas, seguridad, infraestructura o servicios públicos, pero que termina financiando ejércitos de perfiles cuya única función es insultar, desacreditar periodistas, perseguir ciudadanos y fabricar una realidad paralela en las redes sociales.
No hay forma de justificar que los impuestos de la gente sean utilizados para atacar a esa misma gente.
Lo verdaderamente alarmante es que desde el poder se considere legÃtimo utilizar recursos públicos para alimentar esa maquinaria. Porque el dÃa en que un gobierno necesita comprar insultos para defenderse, ya ha perdido la batalla de las ideas. Y cuando el dinero de todos termina financiando el odio de unos pocos, el costo no solo se mide en pesos, se paga con el deterioro de la democracia, la confianza ciudadana y la calidad moral de una nación. Por: Dalton Herrera,-
@Dalton_HS
requiemsito@gmail.com



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