Todo gobierno tiene derecho a comunicar lo que hace, explicar sus decisiones y mostrar los resultados de su gestión. Lo que ningún gobierno debería pretender es que comunicar lo que hace equivalga necesariamente a rendir cuentas por lo que hace. Entre ambas cosas existe una diferencia sustancial que conviene preservar, especialmente en una democracia donde el ciudadano no solamente tiene derecho a conocer la versión oficial de los acontecimientos, sino también a escuchar las preguntas que el poder quizás preferiría no responder.
El reciente estreno de LA Agenda Semanal, presentado por el Gobierno como un espacio para mostrar de cerca cómo el presidente Luis Abinader supervisa a sus funcionarios y da seguimiento a las prioridades nacionales, vuelve a colocar sobre la mesa una discusión que trasciende al actual mandatario y a cualquier organización política: ¿hasta dónde informar sobre la gestión constituye rendición de cuentas y en qué momento comienza a convertirse simplemente en comunicación gubernamental cuidadosamente administrada?
La pregunta es pertinente porque gobernar y comunicar que se gobierna son ejercicios distintos. Un gobierno puede producir videos impecables, presentar estadísticas favorables, exhibir reuniones de seguimiento y explicar detalladamente sus ejecutorias, pero la rendición de cuentas comienza realmente cuando esa narrativa puede ser confrontada por preguntas independientes, datos contradictorios y cuestionamientos que no han sido previamente seleccionados por quienes manejan la comunicación oficial.
Esto no significa que un presidente tenga que comparecer diariamente ante los medios ni que toda actividad gubernamental deba convertirse en una rueda de prensa. Tampoco sería razonable desconocer el derecho de cualquier administración a desarrollar sus propias estrategias de comunicación. El problema aparece cuando la comunicación institucional comienza a ocupar el espacio que corresponde al escrutinio público, porque entonces el ciudadano termina observando al poder principalmente desde la cámara que el propio poder decidió colocar.
Y aquí la discusión debe mantenerse alejada de simpatías partidarias. Lo que hoy pudiera resultar cómodo para quienes gobiernan podría resultar preocupante cuando gobiernen otros. Las instituciones democráticas no pueden evaluarse dependiendo del color de quien ocupe temporalmente el Palacio Nacional, pues las prácticas que aceptamos cuando gobiernan aquellos con quienes simpatizamos terminan convirtiéndose en precedentes que después tendremos que aceptar cuando gobiernen aquellos con quienes discrepamos.
Comunicar es necesario y rendir cuentas es indispensable. Un gobierno eficiente debería tener suficientes resultados para mostrar y suficiente seguridad para permitir que esos resultados sean cuestionados. La democracia no necesita gobernantes silenciosos, pero tampoco necesita administraciones que confundan transparencia con exposición mediática. Gobernar es ejercer el poder; comunicar es explicar cómo se ejerce; rendir cuentas es aceptar que alguien pueda preguntar, sin permiso previo, por qué se ejerció de esa manera.
Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com


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