Mientras el país se cae a pedazos, el gobierno decide entretenernos con un “lavado y planchado” del Himno Nacional, un acto de este circo, nada más, porque "A falta de pan, circo".
Los servicios básicos colapsan uno a uno, hospitales abarrotados y sin insumos, escuelas que parecen galpones, tandas de apagones como si estuviéramos en los años 90, por ejemplo, el pasado sábado, el propio presidente tuvo que trasladarse a Punta Catalina para resolver un problema mecánico en las turbinas (¡válgame Dios!), como si el jefe de Estado fuera mecánico o tecnico electrico en vez de gobernante.
El agua potable es un lujo en muchos barrios, el transporte público, incluyendo el metro de Santo Domingo "esa mega-obra que nunca había fallado" se ha vuelto otro dolor de cabeza desde que Luis Abinader y su PRM llegaron al poder, la canasta básica se dispara como cohete, mientras el salario sigue enterrado en el subsuelo.
Y con todas esas precariedades sobre la mesa, ¿qué inventa el gobierno?, apelar al sentimiento patrio, usando como excusa la “regrabación” del Himno Nacional. ¿Quién encabezó la función? El ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, comediante de oficio, empresario del entretenimiento y productor de las películas mas malas que se realizan en República Dominicana.
La “gran obra musical”, según Robertico, le costó al pueblo dominicano apenas RD$3.3 milloncitos, lo demás, dice él con todo el desparpajo del mundo, fue “honorífico”, y lo repitió tan serio, que quizá algunos se lo creyeron, pero, seamos francos, con esa convocatoria, con esa puesta en escena y con la categoría de los invitados y asistentes al salón de las cariátides del palacio de gobierno, nadie en su sano juicio puede pensar que allí se repartieron “refrescos, galletitas saladitas, frituras de la esquina, vino la fuerza ni ron carta brava”. Lastima que el maestro Juan Luis Guerra se haya dejado usar para tal propósito propagandístico gubernamental.
Al final, de las 12 estrofas de nuestro himno, apenas se “lavaron y plancharon” cuatro, y el canto patrio "REGRABADO" suena tal y como suena el "desfasado", todo un disparate que confirma lo que ya sabemos: este gobierno prefiere los shows a los hechos, las luces al trabajo y el maquillaje a la verdad.
Pero el pueblo no se engaña con coros ni violines, porque mientras ellos afinan partituras, la nación desafina en la realidad.
❝Se puede engañar a parte del pueblo todo el tiempo, y a todo el pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo.❞, el espíritu de esta frase se atribuye a un discurso del candidato presidencial de estados unidos y luego presidente de esa nación, Abraham Lincoln (1809-1865), durante un discurso de 1858 en la ciudad de Clinton, Illinois.
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