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miércoles, 10 de diciembre de 2025

Lo del SENASA fue corrupción y avaricia

❝Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, y algunos, por codiciarlo, se extraviaron de la fe y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores.❞ 
(1 Timoteo 6:10)
La avaricia tiene nombres, apellidos y un largo historial de impunidad maquillada, no es un concepto abstracto ni una metáfora elegante; es un virus con rostro concreto, y el caso SENASA, con Santiago Hazim a la cabeza, es hoy su estampa más reciente.
En Republica Dominicana hemos visto corrupción de todos los colores, pero pocas con el nivel de descaro que presenta el expediente contra Santiago Hazim, el exdirector del SENASA. 
Esto no lo armó un pobre buscando resolver; esto viene de alguien rico de cuna, criado en privilegio, acostumbrado a que lo público es extensión de lo privado, Santiago Hazim y un grupo de gente igual de cómoda económicamente, decidió que no bastaba con tener dinero, había que tener más, a cualquier costo y ese costo fue la salud de un país entero.

El Ministerio Público detalla un entramado que funciona como una familia mafiosa (La Cosa Nostra), roles, cuotas, códigos internos y una lógica de operación que parece sacada de manual criminal, el número habla solo: RD$2,881 millones en sobornos en efectivo, entregados en fundas selladas, coordinados con frases clave, como esta que Hazim decía “había llovido” y su mensajero personal, José Pablo Ortiz, sabía que tocaba pasar recogiendo, no inventaron excusas ni disfrazaron el método, operaban con la tranquilidad de quien cree que nunca lo van a tocar.

Y por supuesto, según el ministerio publico el reparto tenía cómplices con nombres y apellidos: Germán Rafael Robles Quiñones, Francisco Iván Minaya Pérez, Cindy Acosta Sención, Ramón Alan Speakler Mateo, Ada Ledesma Ubiera, Rafael Luis Martínez Hazim, Eduardo Read Estrella, Heidi Pineda Perdomo, Johana Fernández, Johanna Grullón, y toda la retahíla que el expediente va mencionando, todo un engranaje, todos beneficiarios, todos sabiendo perfectamente lo que hacían, aquí nadie pasó “sin querer”.

Lo más irritante es que ninguno de ellos tenía necesidad real de robar, no eran gente arrinconada, no estaban pasando trabajo, no eran víctimas del sistema, esto fue abuso de clase, privilegio convertido en acto criminal, la mentalidad del “esto me toca porque sí” y, mientras operaban, no solo se llevaban dinero, destruyeron los controles internos del SENASA, bloquearon herramientas que podían detectar fraudes, manipularon números, distorsionaron estados financieros. 
El exjefe de gabinete, Gustavo Güílamo, explica cómo maquillaron pérdidas para que un desastre de RD$8,000 millones pareciera uno de apenas RD$2,077 millones, eso es ingeniería criminal, no “irregularidades administrativas”.

El esquema incluía cobros fijos de 25% a 30% de las facturaciones de empresas como Khersun, Deleste, Farmacard, Nutrimed y las del grupo de Eduardo Read, un peaje obligado y, si alguien no pagaba, no cobraba, punto. A lo interno, el mismo expediente revela que la “priorización” de casos VIP se manejaba por chat, operado por la asistente de Santiago Hazim, donde se ordenaba aprobar prestadores que no cumplían requisitos porque “había compromiso político” o “aportaron a la campaña”, el SENASA convertido en agencia de favores, lo público convertido en botín.

Este caso no es solo corrupción, es burla. 
Burla a los afiliados que esperan por autorizaciones, burla a los prestadores que cargan meses sin pago, burla al ciudadano que depende del sistema, burla al país entero, mientras la gente esperaba una resonancia, ellos contaban millones dentro de fundas negras.

Esto se llama AVARICIA. 
No ambición, no codicia moderada, avaricia de la más simple y repugnante, la de quienes lo tienen todo y aun así deciden que el dinero de los demás también les pertenece, la misma avaricia histórica que tumbó imperios y hundió a personajes como Crasso, que murió tragándose su oro; la misma que pulverizó a Enron, a Madoff, a Ponzi y "dominicanizando" un Mantequilla, es el mismo patrón, cuando alguien cree que nunca es suficiente, termina destruyendo todo lo que toca.

Hazim y su gente actuaron como propietarios del SENASA, como si administrar fondos públicos fuera una extensión de sus intereses personales, no se conformaban con administrar mal: saquearon, manipularon, distorsionaron, aplastaron controles, compraron lealtades y se burlaron del sistema.

No hay metáfora que explique esto. 
No hay adorno que lo suavice, no hay interpretación filosófica que lo maquille, el término es uno solo y es suficiente: AVARICIA.

Y al final, todo se resume a esto, "tenían de más, pero querían todo".


❝Hay quienes devoran las casas de las viudas y, por pretexto, hacen largas oraciones; ellos recibirán mayor condenación.❞ 
(Marcos 12:40)

Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com
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