Las imágenes de Corina Machado en la Casa Blanca no exageran, exponen, caricaturizan el ridículo y la obsesión de dos figuras distintas, unidas por el mismo vicio: la ansiedad por recibir lo que no les pertenece.
De un lado, Donald Trump, atrapado en su fijación por un Nobel que nunca llegó.
No le interesa la paz como proceso, sino como etiqueta, no el conflicto resuelto, sino la foto colgada, por eso acepta cualquier simulacro, cualquier placa, cualquier gesto que se parezca, aunque sea de cartón, a ese reconocimiento que el mundo no le dio.
Del otro, María Corina Machado, convertida en la caricatura de la oposición que confunde dignidad con genuflexión.
Obsesionada no ya con ganar la Presidencia de Venezuela, sino con que se la “regalen”, ha cruzado líneas que antes parecían impensables, elogios desmedidos, silencios vergonzosos y actos que rozan lo humillante, todo en nombre de una causa que termina devorada por el personalismo.
La escena es grotesca: ella llevando una placa a la Casa Blanca, no como gesto diplomático, sino como ofrenda, no como símbolo político, sino como sumisión. “Este premio es tuyo”, parece decir la imagen, aunque no lo sea, aunque no exista, aunque nunca haya sido concedido, el acto no busca justicia ni coherencia, busca aprobación.
Ahí está el núcleo del problema.
No es Trump, no es solo él, es la disposición a renunciar al amor propio con tal de agradar al poder, es la política convertida en espectáculo servil, donde la dignidad se sacrifica para quedar bien en la foto.
Las caricaturas no mienten.
Exageran lo justo para que se vea claro, dos obsesiones cruzadas: uno queriendo un Nobel inexistente, otra queriendo una presidencia que no construye y, en el medio, el vacío ético, la falta de pudor, la escena asquerosa de quien entrega algo que no es suyo con tal de sentirse validado.
No hay Nobel ahí, no hay paz, no hay liderazgo, solo hay ansiedad, ego y una humillación que ya ni siquiera se disfraza.
Cuando la obsesión sustituye al mérito, el poder se vuelve farsa y, cuando la dignidad se entrega enmarcada, ya no queda nada que salvar, solo el retrato del bochorno colgado para la historia.
@BienvenidoR_D
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