En Pimentel ya ni siquiera se inauguran soluciones; se inauguran excusas. Y eso, probablemente, sea el retrato más honesto de un municipio que lleva años atrapado entre promesas recicladas, obras eternamente “en proceso” y autoridades especialistas en reuniones improductivas, fotografÃas estratégicas y publicaciones optimistas para redes sociales.
Aquà no hace falta un informe técnico para entender el problema, basta caminar una calle.
Cuando no hay lluvia, el polvo convierte las vÃas en un castigo diario. Se mete en las casas, en los negocios, en los pulmones y hasta en la paciencia de la gente. Pero cuando llueve, el escenario cambia de textura, no de tragedia: el polvo se vuelve lodo y las calles pasan a ser trampas improvisadas donde vehÃculos, motores y peatones sobreviven como pueden.
Y mientras tanto, las autoridades aparecen periódicamente con la misma liturgia polÃtica de siempre: reuniones, levantamientos, supervisiones, anuncios, explicaciones y promesas “prioritarias”. Todo cuidadosamente documentado con fotografÃas, sonrisas forzadas y declaraciones que parecen copiadas de años anteriores. Porque en Pimentel el verdadero proyecto de infraestructura que nunca se detiene es el de la propaganda.
Aquà se ha desarrollado una extraña habilidad institucional: empezar obras sin terminarlas jamás. Abrir calles parece sencillo; concluirlas, aparentemente, es un fenómeno paranormal. Se rompe el pavimento, desaparecen los equipos, pasan los meses y lo único que avanza es el deterioro. Pero siempre aparece alguien asegurando que “los trabajos continúan”. Tal vez continúan en otra dimensión, porque en la realidad visible lo que permanece es el abandono.
Lo más preocupante no es únicamente el mal estado de las vÃas. Es la peligrosa costumbre de acostumbrar a la población al desastre. Como si fuera normal vivir entre zanjas, charcos, polvo y bloqueos. Como si exigir calles dignas fuese un lujo exagerado y no un derecho elemental.
Y cada ciclo electoral revive el mismo teatro mediocre. Llegan los convoyes polÃticos, las visitas “espontáneas”, los recorridos cuidadosamente grabados y las promesas de transformación definitiva. De repente, todos descubren que Pimentel existe. Todos se indignan. Todos “se comprometen”. Todos hablan de desarrollo, inversión y dignidad. Luego pasan las elecciones y el municipio vuelve a su estado habitual: el olvido administrativo.
Lo irónico es que las autoridades suelen hablar de modernización mientras la gente sigue calculando qué calle puede cruzar sin destruir el vehÃculo o embarrarse hasta las rodillas. Se habla de progreso con un fondo perfecto de hoyos, sedimentos y maquinaria desaparecida. Una postal bastante coherente, en realidad.
Pimentel no necesita más reuniones para diagnosticar problemas que ya conoce de memoria. Tampoco necesita funcionarios actuando como influencers institucionales cada vez que pisan una calle destruida. Mucho menos discursos adornados sobre avances inexistentes.
Necesita gestión. Necesita responsabilidad. Necesita obras terminadas. Y sobre todo, necesita dejar de ser utilizado como escenario electoral por polÃticos que aparecen únicamente cuando las cámaras están encendidas.
Porque a estas alturas, el problema de Pimentel ya no es solo el polvo ni el lodo. El verdadero problema es una cultura polÃtica que convirtió el abandono en costumbre y la ineficiencia en método de gobierno.Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com



No hay comentarios:
Publicar un comentario