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martes, 19 de mayo de 2026

República Dominicana, 534 años después

República Dominicana, 534 años después
❝Honestamente, escribir esto no me genera más que impotencia e incredulidad.❞ 
Ver cómo la República Dominicana, 534 años después del inicio del saqueo sistemático, los abusos y el latrocinio ejecutado por los conquistadores españoles encabezados por Cristóbal Colón, continúa exactamente atrapada en la misma lógica colonial, resulta sencillamente indignante.


Porque sí, han cambiado los nombres, las banderas y los métodos, ya no desembarcan soldados europeos con armaduras oxidadas ni sacerdotes bendiciendo invasiones. Ahora llegan diplomáticos sonrientes, acuerdos de cooperación, ruedas de prensa, cumbres hemisféricas y discursos sobre seguridad regional. Pero el fondo sigue siendo el mismo: otros deciden, nosotros obedecemos.

534 años después seguimos siendo ficha de ajedrez en un tablero donde jamás nos permiten jugar como protagonistas.

Y lo más preocupante no es siquiera la presión de los Estados Unidos, las potencias hacen exactamente lo que las potencias han hecho siempre: expandir influencia, proteger intereses y utilizar territorios estratégicos a su conveniencia. Lo verdaderamente humillante es la facilidad con la que el actual gobierno dominicano parece aceptar cada petición llegada desde Washington.

Luis Abinader gobierna muchas veces más como gerente regional políticamente condicionado que como jefe de Estado de una nación soberana, Estados Unidos solicita acceso operativo; aquí se habilitan aeropuertos, Estados Unidos necesita ampliar mecanismos de seguridad regional; aquí se firma sin resistencia, Estados Unidos impulsa estructuras como el “Escudo de las Américas”; aquí aparecemos sonrientes en la foto oficial, aunque nuestro verdadero papel parezca reducirse al de sello gomígrafo del Caribe, Estados Unidos deporta ciudadanos conflictivos y exconvictos; aquí se acondiciona el país como receptor obediente de problemas ajenos.

Y mientras tanto, el discurso oficial vende todo eso como cooperación estratégica, modernización institucional y fortalecimiento de relaciones bilaterales.

Lo que jamás explican es por qué una superpotencia con territorios inmensos, bases militares por todo el planeta y recursos prácticamente infinitos necesita utilizar una pequeña isla caribeña para operaciones logísticas, maniobras de seguridad, tránsito de deportados y facilidades operativas que perfectamente podrían manejar dentro de su propio territorio o en Puerto Rico, que para esos fines les resultaría muchísimo más funcional.

La respuesta es brutalmente simple: porque es más cómodo operar donde los gobiernos no ponen límites.
Y lamentablemente, la administración dominicana actual parece haber convertido la complacencia en línea diplomática oficial.

Cada concesión se presenta como pragmatismo. Cada silencio como madurez política. Cada acto de subordinación como cooperación moderna.
Pero la soberanía no desaparece únicamente cuando un ejército extranjero invade un país. También desaparece cuando una clase gobernante pierde la voluntad de defenderla.

Ese es el verdadero problema de fondo.
La República Dominicana hoy luce como una nación administrativamente independiente, pero psicológica y geopolíticamente condicionada. Un país que conserva bandera, himno y ceremonias patrias, mientras reduce cada vez más su capacidad real de actuar con autonomía frente a intereses externos.

Y en medio de todo esto, la ironía resulta insoportable.
Aquí se llenan plazas con discursos patrióticos cada febrero. Aquí se invoca a Duarte, Sánchez y Mella en cada acto oficial. Aquí se habla de soberanía con una mano sobre el pecho mientras con la otra se firman acuerdos, permisos y concesiones que convierten al país en extensión operativa de agendas ajenas.

Solo Pedro Santana se atrevió a tanto.
Pero al menos tuvo la honestidad histórica de no disfrazar la anexión como alianza estratégica.

Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com
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