❝No habrá para ti dioses ajenos delante de mí❞ Éxodo 20:3
Este sábado 7 de marzo, se escenificó en Miami uno de los actos más vergonzosos que pueden protagonizar quienes dicen representar a una nación. Lo llamaron cumbre, le pusieron nombre épico, “Escudo de las Américas”. En la práctica fue otra cosa: una fila ordenada de gobernantes dóciles diciendo presentes ante el pase de lista frente al inquilino de la Casa Blanca.
La fotografía oficial lo dice todo, no es una reunión entre iguales, es una reunión de subordinados.
El anfitrión y centro gravitacional del espectáculo fue Donald Trump. Alrededor de él, un grupo de presidentes y representantes que viajaron a Miami con una sola función: asentir.
Participaron los presidentes (todos de extrema derecha) de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Trinidad y Tobago, República Dominicana y, lo de Chile rozó lo absurdo: no estuvo Gabriel Boric, sino el presidente electo José Antonio Kast junto a su ministro de defensa designado, acomodados en la foto oficial en un rincón casi invisible. Una escena perfecta para ilustrar el nivel de seriedad del evento.
Mientras tanto, otras naciones optaron por no asistir (o no fueron inviatados): Canadá, México, Brasil y Colombia. Ausencias que hablan más que cualquier discurso, pues muy probablente los lideres de estos paises no se prestarian ha hacerle el coro a Mr. Trump.
La narrativa de siempre
El pretexto oficial fue coordinar esfuerzos militares y policiales contra las organizaciones criminales transnacionales, en especial los cárteles de la droga. La misma narrativa de siempre, la misma receta de siempre, la misma excusa de siempre.
Bajo ese guion, Washington vuelve a ofrecer lo que siempre ofrece: cooperación condicionada, seguridad dirigida desde afuera y un paquete completo de tutela política. Nada nuevo, nada original.
Solo cambia el nombre del programa.
Antes era “guerra contra las drogas”, luego fue “seguridad hemisférica”. Ahora se llama “Escudo de las Américas”, el envoltorio cambia, el contenido es idéntico.
La escena real.
Pero lo que realmente quedó en evidencia no fue una estrategia contra el crimen, Fue otra cosa.
Un grupo de dirigentes que viajaron a Miami a demostrar obediencia. No hubo debate serio, ni soberanía visible, ni posiciones firmes. Lo que hubo fue una coreografía política bastante conocida en América Latina: el gesto de aprobación automática frente al poder del norte.
No fueron como jefes de Estado.
Fueron como administradores de provincia esperando instrucciones. El mensaje implícito fue claro: “Ordene y mande, señor”.
Y lo más llamativo es la naturalidad con que se asume esa posición, nadie parece sentir vergüenza, nadie parece incomodarse. La subordinación ya ni siquiera se disimula.
La foto que lo explica todo.
Las cumbres suelen medir la dignidad política de quienes asisten, algunas muestran cooperación entre países, otras exhiben liderazgo.
Esta mostró dependencia.
El anfitrión en el centro, los demás acomodados alrededor, un esquema simple, casi pedagógico.
Si alguien quiere entender cómo funciona la relación de poder en el continente, basta con observar esa imagen, no hace falta leer el comunicado final.
La historia de América Latina está llena de intervenciones, tutelas y doctrinas de seguridad importadas, nada de eso ha resuelto los problemas estructurales de la región. Sin embargo, siempre aparecen gobernantes dispuestos a repetir el libreto.
Ayer en Miami no se firmó la dignidad del continente, se exhibió su fragilidad y, también algo peor: la cómoda disposición de algunos a seguir arrodillados.
❝El hombre que halaga a su prójimo tiende red delante de sus pasos❞. Proverbios 29:5
Por: Bienvenido Checo,-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
bienvenidocheco@hotmail.com



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